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4 de febrero de 2010

¿Qué es humanizar la Tierra ?


“El hambre, la sed, la enfermedad y toda injuria corporal, son el dolor. El temor, la
frustración, la desesperanza y toda injuria mental, son sufrimiento. El dolor físico
retrocederá en la medida en que avancen la sociedad y la ciencia. El sufrimiento
mental retrocederá en la medida en que avance la fe en la vida, esto es: en la medida
en que la vida cobre un sentido.

Si acaso te imaginas como un bólido fugaz que ha perdido su brillo al tocar esta tierra,
aceptarás al dolor y al sufrimiento como la naturaleza misma de las cosas. Pero si
crees que has sido arrojado al mundo para cumplir con la misión de humanizarlo,
agradecerás a los que te precedieron y construyeron trabajosamente tu peldaño para
continuar en el ascenso.

Nombrador de mil nombres, hacedor de sentido, transformador del mundo... tus padres
y los padres de tus padres se continúan en ti. No eres un bólido que cae sino una
brillante saeta que vuela hacia los cielos. Eres el sentido del mundo y cuando aclaras
tu sentido iluminas la tierra. Cuando pierdes tu sentido la tierra se oscurece y el abismo
se abre.

Te diré cuál es el sentido de tu vida aquí: ¡humanizar la tierra! ¿Qué es humanizar la
tierra? Es superar el dolor y el sufrimiento, es aprender sin límite, es amar la realidad
que construyes.

No puedo pedirte que vayas más allá pero tampoco será ultrajante que yo afirme:

«¡Ama la realidad que construyes y ni aún la muerte detendrá tu vuelo!».

No cumplirás con tu misión si no pones tus fuerzas en vencer el dolor y el sufrimiento
en aquellos que te rodean. Y si logras que ellos, a su vez, emprendan la tarea de
humanizar al mundo, abrirás su destino hacia una vida nueva.”

(El Paisaje Interno, Silo, Obras Completas I)

20 de octubre de 2009

EL JINETE Y SU SOMBRA

VIII. EL JINETE Y SU SOMBRA
Humanizar la Tierra
El Paisaje Interno

Por Silo


Cuando el sol arreboló el camino, la silueta se alargó entre piedras y severos matorrales. Y el jinete fue enlenteciendo la marcha hasta que se detuvo muy cerca de un fuego joven. Y un hombre viejo, que con sus manos acariciaba las llamas, saludó al jinete. Este desmontó y ambos hablaron. Luego el jinete continuó su camino.

Cuando la sombra cayó bajo los cascos del caballo, el jinete se detuvo un instante e intercambió palabras con un hombre que lo detuvo a la vera del camino.

Cuando la sombra se alargó a espaldas del jinete, éste ya no aminoró el paso. Y un joven que quiso detenerlo alcanzó a gritar: “¡Vas en dirección opuesta!”.

Pero la noche desmontó al jinete y éste sólo vio la sombra en su alma. Entonces, suspirando para sí y las estrellas, dijo:

“En un mismo día un viejo me habló de la soledad, la enfermedad y la muerte; un hombre, acerca de cómo son las cosas y las realidades de la vida. Finalmente, un joven ni siquiera me habló sino que gritando quiso desviar mi camino en dirección desconocida. El viejo sentía temor a perder sus cosas y su vida; el hombre, temor por no alcanzar a tomar lo que creía que eran sus cosas y su vida. Y el joven, temor a no poder escapar de sus cosas y su vida.

Extraños encuentros éstos en los que el anciano sufre por el corto futuro y se refugia en su largo pasado. El hombre sufre por su situación actual buscando abrigo en lo que pasó o habrá de suceder, según se lo ajuste por el frente o por atrás. Y el joven sufre porque un corto pasado muerde sus talones impulsando su fuga hacia el largo futuro. Sin embargo, reconozco en el rostro de los tres mi propio rostro y me parece advertir que todo ser humano, sea cual fuere su edad, puede transitar por esos tiempos y ver en ellos fantasmas que no existen. ¿O existe hoy aquella ofensa de mi juventud? ¿O existe hoy mi vejez? ¿O anida hoy, en esta oscuridad, mi muerte?

Todo sufrimiento se desliza por recuerdo, por imaginación, o por aquello que se percibe. Pero gracias a esas tres vías existe el pensamiento y el afecto y el quehacer humano. Ha de ser, entonces, que si esas vías son necesarias también son conductos de destrucción si las contamina el sufrimiento.

¿Pero no será el sufrimiento el aviso que nos da la vida cuando su correntada es invertida? La vida puede ser invertida por algo (para mí desconocido), que se hace con ella. Así pues ese anciano, ese hombre y ese joven, algo han hecho con sus vidas para que ellas se inviertan”.

Entonces el jinete que meditaba en la oscuridad de la noche se durmió. Y al dormirse soñó y en su sueño se iluminó el paisaje. Allí estaba en el centro de un espacio triangular, amurallado por espejos. Los espejos reflejaban su imagen, multiplicándola. Según escogiera una dirección, se veía como anciano; al tomar otra, su rostro era de hombre o, finalmente, de muchacho... Pero él se sentía como un niño, en el centro de sí mismo.

Entonces sucedió que todo comenzó a oscurecerse y cuando no pudo reconocer más que una pesada oscuridad, despertó. Abrió los ojos y vio la luz del sol. Luego montó en su cabalgadura y al ver que la sombra se alargaba, dijo para sí: “Es la contradicción la que invierte la vida y genera sufrimiento... El sol se opone para que el día sea noche pero el día será según lo que yo haga con él”.
EL JINETE Y SU SOMBRA