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21 de agosto de 2010

La Alegoría de la Caverna - 2010

El guión del video Homo - Zapping está inspirado fundamentalmente en “La Alegoría de la Caverna” de Platón del libro “La República” escrito en el año 395 AC. Este se trata de una explicación metafórica sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento.

En ella Platón explica su teoría de cómo con cuatro tipos de conocimiento podemos captar la existencia de los dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo inteligible (sólo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón).

Describió en su alegoría de la caverna una vivienda cavernosa, en la cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al mundo, a la naturaleza. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.

Estos hombres encadenados no pueden considerar otra cosa verdadera que las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados en tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.
video Alegoría de la caverna Platón

Alegoría de la caverna: wikipedia
Homo - Zapping /Inspiración Platónica

En el mundo del Homo Zapping no hay más autoridad que la pantalla de la televisión, el individuo sólo cree en los reflejos que los medios de comunicación transmiten.
video Homo - Zapping


PERSONAJES:

EL HOMBRE TELE-ESPECTADOR:

Como cualquier hombre contemporáneo se encuentra sentado en su sillón mirando la televisión, pero este en especial, simboliza el estado puro o cero del hombre (un estado inicial de la evolución social del hombre). En este momento inicial , el hombre tiene en sus manos el control remoto. De forma pasiva, totalmente sin expresión y sin reacción, comienza a ser moldeado por la televisión. Su capacidad de administrar los acontecimientos que lo rodean está condicionada a lo visible.



LA MUJER DE LA LÁMPARA:

Cansada de vivir constantemente atemorizada por la información radial, reacciona poniendo en tela de juicio “la realidad” que se transmite dentro de la pantalla televisión. Es la única que no posee ninguna tecnología avanzada más que una lámpara, que mínimamente ilumina la oscuridad del lugar. Atrevida y desafiante, decide enfrentar sus miedos. Prefiere arriesgar su vida ante los peligros que pueden estar acechando, que permanecer escondida y encerrada en aquella caja. Es entonces, cuando se ánima a salir, sin saber lo que le espera. ¿Qué habrá visto afuera? ¿Diría la verdad cuando vuelve o realmente tenía un plan siniestro como lo indicaría uno de los personajes?



EL HOMBRE DE LA RADIO :

De cierta forma es el líder , o la voz superior, entre sus compañeros. Es por eso que, tal vez, sujete la radio, siendo así el cuerpo transmisor de las noticias. Es también aquel que intenta retenerlos en el lugar; alegando que “ahí adentro están seguro”, sin la necesidad de enfrentamiento o búsqueda. La acción de su compañera es vista como una locura, y rápidamente la cataloga de suicida; porque ese enfrentamiento que propone se escapa de su normalidad, propone algo prohibido y supuestamente nocivo. Cuando ella vuelve, él no puede reflexionar lo sucedido, sus propias afirmaciones son puestas en duda. Creerle sería aceptar que toda su vida ha sido un engaño, que su existencia ha sido una broma. Tal vez está demasiado arraigado a lo que lo rodea, y mismo, a su visión del mundo; y en un acto de irracionalidad decide resolver la situación con violencia. Finalmente soluciona el conflicto, y todo vuelve a la normalidad del principio.



HOMBRE DEL PARCHE EN EL OJO:

Es el personaje mitad ciego y, tal vez, sea el más sumiso de los tres, pero a pesar de ello, algunas acciones le generan duda. Es tentado por las acciones y palabras de su compañera, pero rápidamente es abatido por las afirmaciones del Hombre de la Radio. Su participación es casi como espectador, desligando así el poder de la elección a los demás personajes.



HOMBRE TELE-ESPECTADOR FINAL:

Este tele-espectador ha perdido la tenencia del control remoto, y su rostro es una careta, se ha vuelto una configuración, un molde superficial que oculta en lo que se ha convertido: Una Realidad Televisiva.

Nota:
Sobre el contenido del blog y sus publicaciones se trata de aproximaciónes implica limitaciones de profundidad y amplitud. En muchos casos carece de la estructuración de nuestro método, por una parte. No defiende una hipótesis, por otra parte. Además, la fuente bibliográfica principal casi siempre utilizada es Internet en su versión gratuita, lo mismo vale para los enlaces como wikipedia y similares.
Aquí no agotamos ningún tema, al contrario lo invitamos a la búsqueda y a la profundización.
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20 de agosto de 2010

El Manipulador



Los Caracteres Inmorales: el manipulador

Fernando A. García. Buenos Aires, 10 de agosto de 2010. Charla en el local Rebelión Humanista (La Comunidad para el Desarrollo Humano), Frías 262, Buenos Aires, el 14 de agosto de 2010.

Manipular: Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares. (Diccionario de la R.A.E.)

Nuestra pasión por el comportamiento humano nos lleva a intentar retratar uno de los personajes más conspicuos del viejo mundo que se fue: el manipulador. Confiamos en que esto contribuya a identificarlo mejor cuando lo encontremos en museos o reservas naturales.

La manipulación es una de las formas que asume la violencia: es al menos violencia psicológica. Esto es así porque la manipulación presupone –como veremos- una cosificación de los otros, un intento de apropiación del todo por una parte de este, de concentración desproporcionada de poder decisorio, etc. La manipulación es intrínseca al sistema deshumanizante y violento, es parte de su modus operandi como lo son la censura, la represión, la discriminación, etc. Por lo tanto, esta se encuentra arraigada en el paisaje de formación de muchos, que se resignan a ser tanto víctimas como victimarios de la manipulación.

El manipulador es básicamente un cosificador: alguien que trata de usarnos como prótesis de su intención, controlando nuestra manera de pensar, de sentir o de actuar, según convenga a sus intereses. Dichos intereses son los personales, o bien los de la facción a la que pertenece. El manipulador puede hacer un uso retórico del interés conjunto, pero lo hace para manipular y porque asimila en mala fe el interés conjunto al interés propio o de parte.

Al manipulador no le interesa nuestra subjetividad, nuestra intencionalidad, sino sólo en función de operar sobre ella para que hagamos lo que él desea y a pesar de lo que nosotros deseemos. Aparentemente demuestra interés por nuestra opinión, pero sólo para descalificarla o buscar cómo usarla a su favor.

El manipulador puede mostrarse bondadoso y amable, pero es sólo una táctica para hacer que bajemos nuestras defensas y hacernos así más vulnerables a su manipulación.

Es claro que el manipulador es también un pragmático al que sólo le interesa lograr su objetivo, para lo cual se sirve de otros cuya intención desestima. Como pragmático, el manipulador se mueve por intereses y no por principios éticos. Su fin justifica los medios que usa.

El manipulador tiene muchas astucias y trucos. Una de ellas es el uso de la mentira.

Miente cuando lo que dice no se corresponde con los hechos, según él los entiende. O sea, piensa o sabe una cosa, pero dice otra. Miente cuando oculta selectivamente la información que no conviene a su caso, en todo o en parte. O sea, de todo lo que piensa o sabe, sólo presenta la parte que le conviene o bien omite la información completamente.

El manipulador es un hipócrita y un farsante, ya que siempre esconde su verdadera cara y sus verdaderas intenciones que no son las que proclama.

El manipulador tiende a instalar y controlar monopolios ideológicos y organizativos, de manera que toda opinión y acción pasen por su filtro. Para ello es importante para el manipulador dificultar o bloquear el acceso indiscriminado a las fuentes fidedignas de información, ya que el libre acceso a ellas disminuye su poder sobre los demás. Tampoco ve con buenos ojos la libre comunicación, contacto e intercambio entre todos. Al manipulador conviene el oscurantismo, el cerco mental que impide el cotejo, el juicio crítico, la opinión informada, etc.

Para lograr el monopolio, el manipulador a menudo se erige de manera inconsulta en mediador, portavoz, representante, y similares funciones con respecto a otros. Es ávido por tomar toda función pública o conjunta que le de poder, buscando concentrar varias funciones en su persona. De esta manera se reviste de atributos que le dan más autoridad y figuración. Se arroga un poder y un derecho que retóricamente está al servicio de todos, pero que de hecho maneja según su parecer y no comparte.

Por lo tanto, el manipulador también nos trata de desinformar. No sólo lo hace cuando la información que nos provee es insuficiente o cuando la omite, sino también cuando la información que nos provee es una mezcla confusa de datos fehacientes y datos falsos. De esta manera nuestro juicio acerca de lo que está en juego se hace muy difícil o imposible.

Algo similar ocurre cuando nos provee información que, aunque fidedigna, es irrelevante o secundaria. De esta manera intenta que nuestra atención se enfoque en la información equivocada, desviando así nuestro juicio hacia conclusiones erróneas.

De modo que el manipulador siempre está atento a manejar la circulación de información. Es un censor que abrirá o cerrará las válvulas de la información, de manera que los demás se enteren sólo de aquello que conviene al manipulador.

El manipulador también hace uso de las copresencias. Hace uso de cierta información (en forma de imágenes o palabras) sabiendo que mueve en nosotros asociaciones grabadas en nuestra memoria, asociaciones que mueven pensamientos, recuerdos, emociones, etc. que convienen a su discurso manipulador. En su boca, y por ejemplo, las palabras “dios”, “patria”, “familia”, etc. apuntan a asociar falsamente los mejores sentimientos de los otros a los propios designios.

Pero no sólo hace uso de información, sino también de gestos, poses, actitudes, tonos de voz, miradas, etc. que dotan a su discurso de connotaciones, de copresencias, que nuestra atención capta como un doble mensaje de manera presente o copresente. Así, el manipulador siempre podrá negar que haya dicho algo: por cierto, lo dio a entender, pero no lo dijo.

Otra marca distintiva del manipulador es que nada en él es un “dar” desinteresado, sino un cálculo de “recibir”, aunque mencione en vano términos tales como “amor”, “solidaridad”, “generosidad”, etc.

El manipulador hace uso de la extorsión. Para obligarnos a actuar en algún sentido, ejerce presión sobre nosotros mediante algún tipo de amenaza encubierta o no. En su discurso recurre al clásico juego de la recompensa y el castigo para obligarnos en el sentido que le conviene.

El manipulador, cuando es necesario, se apoya en otros para darle peso a su opinión. A veces le basta dar a entender que alguien por quien tenemos gran respeto y estima está de acuerdo con su discurso y lo avala. Otras veces nos da a entender que su posición es compartida por otros, por lo que la nuestra es minoritaria, y esto haría que supuestamente su razón fuera más válida que la nuestra. Esta es una muestra del uso que hace de una lógica falseada para manipularnos.

Por ejemplo, nos sugiere arteramente que dadas las premisas A y B (que son datos verdaderos) de su silogismo, la consecuencia “lógica” es D (que es falso). O sea, no son falsas las premisas de su discurso, sino las conclusiones que deriva de ellas y que nos presenta como “razonamientos indudables”. Así, dispone su razonamiento falaz de manera engañosa y fraudulenta, aprovechando nuestra distracción, ignorancia o confusión. En ese ejercicio de una lógica falseada, recurrirá a desproporcionar lo que compara, ofrecerá supuestas “pruebas” amañadas, atribuirá falsamente intenciones a otros, producirá mezclas de planos lógicos y saltos de puntos de vista, hará afirmaciones indemostrables, etc.

Cuando no puede fundamentar su postura o bien contrarrestar la ajena, recurre a trucos como, por ejemplo, degradar la personalidad (no las razones) de quienes sostienen la postura contraria. Según sea el caso y la conveniencia del momento, apelará a la demagogia y al populismo fáciles, o bien se refugiará en un elitismo exclusivista que marca distancias.

Cuando es necesario debilitar o desarmar las opiniones opuestas a la suya, el manipulador recurre a relativizar el punto de vista ajeno. Cuando es necesario afirmar la propia opinión, su interpretación y postura toman un carácter categórico y absoluto que descarta toda otra opinión.

El manipulador hace pie en las necesidades, los miedos y demás debilidades de los demás, promoviendo siempre la dependencia sicológica con respecto a él. Su empatía con los demás no está basada en advertir y favorecer lo mejor del otro, sino en una actitud predatoria que advierte en los demás los puntos débiles sobre los que ejercer presión.

El manipulador cuida su imagen pública de modo que ésta siempre esté asociada a atributos que le permitan manipular más y mejor. Según el caso, tratará siempre de quedar asociado a personajes y eventos importantes, haciendo así que su imagen crezca por los atributos transferidos gracias a su proximidad con ellos. Busca los lugares prominentes, los micrófonos, los reflectores, las fotografías y las tomas de video en primer plano: en definitiva, la figuración y el protagonismo. En todo lo que hace y dice el “yo” está muy presente y próspero.

El manipulador nos da siempre a entender que necesitamos de su opinión y aprobación. Los éxitos se deben a su intervención y los fracasos a la falta de ella. Todo lo que no pasa por su control es desestimado como irrelevante o negativo. Siempre habla con el aire de “autoridad moral”, la de aquel que aprueba o desaprueba lo que otros hacen, autorizando o desautorizando, con crítica velada o desembozada. Su tono es a veces condescendiente y paternalista, como afirmación de su superioridad y como modo de emplazar a los demás por debajo de él. Con esto trata de crearse un aura de “orientador” o “autoridad”, aunque tal pretensión no se corresponda con su capacidad demostrada.

El manipulador siempre hace cálculos políticos en términos similares a los de “aliados”, “adversarios” e “idiotas útiles”. Siempre se rodea de algunos obsecuentes, entre quienes se destacan los aspirantes a manipuladores o de segundo orden. La relación con ellos es frágil e inestable, ya que el aglutinante que los une es la conveniencia que varía según las circunstancias. Entre ellos, la palabra “amistad” tiene sólo un sentido utilitario.

Obviamente, no todos los manipuladores reúnen en si mismos todas las características antes descritas. Si bien hay buenos manipuladores, también los hay torpes y ridículos. Los hay que apuntan a manipulaciones mayores y los que sólo manipulan cuestiones menores. Está el manipulador permanente, pero la mayoría son manipuladores inconstantes u ocasionales. Aunque destaquemos al manipulador desembozado, también está aquel que actúa en las sombras y entre bambalinas.

El manipulador prospera en momentos de desinteligencia conjunta, de incertidumbre y confusión de referencias, de merma de la inteligencia, de debilidad, etc. Por el contrario, el manipulador detesta la descentralización del poder, el libre acceso de todos a las fuentes de información, la capacidad auto-organizativa de los conjuntos, las referencias claras y precisas, etc.

El gran error del manipulador es su cortedad de visión, su falta de verdadera inteligencia que confunde con astucia. Su desprecio por la subjetividad de los demás es su propia trampa. La conciencia del ser humano no es pasiva, sino que es una estructura evolutiva intencional que tiende cada vez a una mayor libertad. Todo retraso de tal proceso de liberación creciente es sólo provisorio. De manera que la manipulación y todo aquello que vaya en dirección contraria no puede sino tener vida corta y un éxito provisorio. Quien va contra la evolución de las cosas, va contra sí mismo. Así el manipulador se convierte, por su propia intención, en la primera y la última víctima de su manipulación.


Fernando A. García.
Buenos Aires, 10 de agosto de 2010.




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12 de febrero de 2010

El Tiempo Cronológico y El Tiempo Psicológico: acerca del transcurrir.

La convención de contar el tiempo en siglos, años, meses, días, horas,etc.; es histórica y como tal, en el desarrollo de las distintas culturas y civilizaciones ha sufrido distintas modificaciones hasta el presente.

A este modo de contar el tiempo transcurrido lo llamamos tiempo cronológico.

Ahora a este tiempo que va pasando, lo experimentamos y lo sentimos de distinta manera, a veces como más lento y a veces más veloz.

A este registro interno del tiempo cronológico lo llamamos tiempo psicológico.

Es común escuchar expresiones tales como: “el año se ha pasado volando”, “el examen duró una eternidad”, “cada día las cosas pasan más rápido”, o frases similares que denotan esta variabilidad del registro del transcurrir ya que un mismo fenómeno o un mismo período de tiempo convencional es registrado de manera diferente por una misma persona en diferentes momentos.

Este tiempo se nos hace más veloz, por ejemplo, cuando baja el nivel de conciencia y además cuando estamos incluidos en el contexto de una situación placentera o agradable.

Así por ejemplo, cuando dormimos varias horas, aún cuando en ese lapso se producen numerosos fenómenos psicológicos, pareciera que nuestra conciencia no se da cuenta del tiempo que transcurre.

También cuando nos encontramos en una situación placentera o muy querida y agradable, las horas se nos transforman en minutos y muchas veces al final de la situación nos sorprendemos del tiempo que pasó.

Por el contrario el tiempo se nos hace más lento a medida que sube el nivel de conciencia y también cuando estamos incluidos en el contexto de una situación dolorosa o molesta.

Así, ante cualquier dolor corporal continuo los segundos se nos hacen interminables y también cuando estamos esperando algo o a alguien con un grado alto de expectativa, el tiempo pareciera no transcurrir.

Cuando sube nuestro nivel de conciencia, ésta tiene registro y se da cuenta de las numerosas percepciones y representaciones, de los estímulos que llegan y de las respuestas que se dan, etc.

Y al ampliarse nuestra capacidad atencional, tenemos registro, de numerosas situaciones que suceden tanto interna como externamente.Entonces, en pocos minutos cronológicos vivimos una gran cantidad de experiencias.

Los Humanistas sabemos que el registro del tiempo transcurrido, varía de acuerdo al tipo de situación en que vivimos.

Si se toma contacto con los registros del propio transcurrir se pueden trazar relaciones entre diferentes fenómenos sicológicos aparentemente distantes, pero totalmente unidos y relacionados cuando se los explora desde una perspectiva diferente.

Tal vez, luego de estas relaciones que se han establecido, se pueda sacar como conclusión que cuando se hable del propio registro del tiempo, cuando se hable del propio transcurrir, estamos hablando nuevamente del mismo fenómeno variable e inpermanente que llamamos yo, y también estemos hablando de ese otro fenómeno variable al que llamamos cuerpo.

Desde esta perspectiva, el cuerpo, el yo y el tiempo, son tal vez un mismo fenómeno, ilusorio, variable e inpermanente, pero simplemente visto y experimentado desde ópticas diferentes.

La trascendencia de estas comprensiones y certezas impacta fuertemente en la existencia personal.

Tomar contacto con los registros del propio tiempo, del propio transcurrir, observar su variabilidad y su posibilidad de ilimitada expansión y profundización, se convierte también en una aventura interna que abre las puertas para avanzar hacia lo esencial,hacia lo profundo.


Aqui les dejo una simpática reflexion sobre las convenciones del tiempo cronológico.





Para una mayor comprensión se puede consultar Psicología IV:Espacialidad y Temporalidad de los Fenómenos de Conciencia (Silo, Apuntes de Psicología, Ulrica Ediciones, 2006)


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27 de enero de 2010

Intencionalidad en la Evolución Humana y Universal

Intencionalidad en la Evolución Humana y Universal


La historia evolutiva de nuestro Universo, desde su origen hasta el momento actual,nos muestra un proceso de ascenso espiralado donde energía, materia y vida avanzan hacia formas cada vez más complejas en ciclos progresivamente acelerados.

La coherencia y actualidad de esta concepción está sustentada por teorías y datos experimentales de las últimas décadas en los campos de la mecánica cuántica,astronomía, astrofísica, biología, antropología y sinergética (teoría del caos,autopoiesis).

En nuestra opinión, asistimos hoy al nacimiento de un nuevo paradigma cosmogónico capaz de sustentar el desarrollo de la civilización humana en los siglos que vendrán.
Especialmente, si en el proceso de modelación en marcha se incluyen los conocimientos y la experiencia de la psicología profunda y la fenomenología trascendental. Los trabajos en estos campos de K.Jung, E.Husserl, R.May, S.Grof,E.Torchinov y Silo, tienen carácter fundamental.

En el contexto de esta nueva visión del mundo, quisiéramos considerar brevemente algunos puntos que, desde nuestro punto de vista, merecen atención.Primera cuestión: la evolución del Universo, la vida, el ser humano, son producto de la casualidad o de la intencionalidad?

El concepto de casualidad no necesita de definiciones complejas. Según nos dice el diccionario, casualidad es un “fenómeno o circunstancia inesperado”. ¿Se puede pensar, por ejemplo, que es una simple casualidad que los elementos químicos pesados surgieran en el transcurso de la evolución de las estrellas? Como advierte con justeza A. Panov en su artículo sobre el Multiverso: “Si el nivel de energía de 7.65 MeV en el núcleo de carbono no se hubiera dado, los elementos químicos pesados nunca hubieran sido sintetizados en nuestro Universo y el surgimiento de la vida no hubiera sido posible. Tal hecho, que de un nivel casual de energía dependa en adelante tanto,resulta completamente increíble”.

Y seguramente lo mismo puede decirse respecto de la conformación de los átomos a partir de nucleones y electrones libres en el plasma primordial, de la formación misma de las estrellas, del surgimiento de la vida, del ser humano... O sea, frente a cada momento decisivo, cuando en el proceso se produce una bifurcación, una elección entre alternativas y comienzo de un nuevo ciclo evolutivo... resulta increíble que todo sea producto de la casualidad.
En lo que hace al concepto de “intencionalidad”, se lo puede encontrar ya en los filósofos de la antigua Grecia. Aristóteles decía: “Lo que se presenta a nuestros ojos es una “intentio” del alma”.

La escolástica, retomando a Aristóteles, utilizó también este concepto. Y a finales del siglo XIX es Brentano quien lo introduce en la psicología occidental. Según Brentano, la conciencia se define por el hecho mismo de ser intencional, direccionada hacia algo, mostrando algo ubicado fuera de ella misma, o sea, presupone un objeto. De tal modo,la intencionalidad otorga significados a la conciencia, dándole sentido.

Pero es Husserl, discípulo de Brentano, con quien el estudio de la intencionalidad adquiere un carácter estricto, en sus “Ideas acerca de una fenomenología pura” y sus “Meditaciones cartesianas”. El consideraba que la conciencia no existe en un vacío subjetivo, sino que es siempre “conciencia de algo”. La conciencia no sólo no puede ser separada del mundo de sus objetos, sino que ella misma constituye ese mundo. De acuerdo a la concepción husserliana, no es posible comprender cómo esta construida la realidad, sin comprender a fondo la intencionalidad de la conciencia que construye dicha realidad. Como afirma Silo en la presentación de su libro “Contribuciones al Pensamiento”, es Husserl quien “abre el camino de la independencia del pensar respecto de la materialidad de los fenómenos”.

El psicólogo americano R. May define etimológicamente a la “intencionalidad” como movimiento en dirección a algo, inclinación, tendencia. En este concepto, lo central es la partícula “tend”, que significa inclinarse, dirigirse hacia. “Nuestra acción – escribe May – no es sólo resultado de excitaciones provenientes del pasado; nos movemos “en dirección a” algo. Por otra parte, esta palabra significa también “ocuparse de”. Nos ocupamos de nuestros seres queridos, de nuestro trabajo, dirigimos nuestra atención a nosotros mismos. En uno y otro caso se manifiesta nuestra inclinación, tendencia”. May da un sencillo ejemplo de la vida cotidiana: “Sobre la mesa hay una hoja de papel. Si yo me preparo para escribir algunas notas en la hoja, entonces veré la hoja desde el punto de vista de su limpieza: ¿ya está escrita o no? Si mi intención consiste en construir con esa hoja un avioncito de juguete para mi nieto, veré la hoja desde el punto de vista de su consistencia. Si en cambio, me preparo para dibujar en ella, entonces veré la rugosa textura del papel invitando a mi lápiz y prometiendo hacer mis líneas más interesantes. En cada caso se trata de la misma hoja de papel y yo soy siempre la misma persona que reacciona ante ella. Pero sin embargo veo tres hojas de papel completamente diferentes. Claro que no corresponde aquí hablar de “distorsión”: es sencillamente un ejemplo de la infinita diversidad de sentidos que puede tener para nosotros esta conjunción de estímulo y respuesta. La intención es direccionamiento de la atención de la persona hacia algo. Así, la percepción es dirigida por la intencionalidad”.

Del mismo modo, a poco de recurrir a la propia experiencia y reflexionar sobre ella, podemos decir que el recuerdo, la imaginación, el comportamiento, son también dirigidos por la intencionalidad.

Por su parte, Silo (seudónimo literario del pensador latinoamericano Mario Rodríguez Cobos), considera que “la conciencia es intencionalidad” y subraya la “actividad de la conciencia, capaz de transformar al mundo y a sí misma de acuerdo a su intencionalidad”, “el primado del futuro sobre la situación actual”. “Es la imagen y representación de un futuro posible y mejor – escribe Silo - lo que permite la modificación del presente y lo que posibilita toda revolución y todo cambio. Por consiguiente, no basta con la presión de condiciones oprimentes para que se ponga en marcha el cambio, sino que es necesario advertir que tal cambio es posible y depende de la acción humana. Esta lucha no es entre fuerzas mecánicas, no es un reflejo natural, es una lucha entre intenciones humanas”.

En nuestra visión, intencionalidad, apertura, espacialidad y temporalidad de la conciencia son conceptos claves para explicar la estructura de la vida humana, para describir los fenómenos tanto del mundo interno como del medio que rodea al ser humano.
Por supuesto existen otras miradas en este tema, diametralmente opuestas a la mencionada, según las cuales del ser humano nada depende, todo está predeterminado, impuesto, o por las condiciones naturales, o por los designios de una entidad superior... Pero no creo que sea necesario aquí detenerse en estas consideraciones.

También nos encontramos habitualmente conque, al pronosticar los posibles escenarios de la humanidad a futuro, se plantea la cuestión de cuál escenario es más probable y cuál menos probable. Como si la resolución de estas alternativas fuera un problema de la estadística, independientemente de nuestra actitud respecto de ese futuro.

La visión del Humanismo Universalista acentúa el rol creciente de la intencionalidad humana en el proceso evolutivo planetario; su rol decisivo frente a cada punto de bifurcación histórico. Desde nuestra mirada, es la intención de superar el dolor y el sufrimiento, de superar los límites espacio-temporales impuestos por el propio cuerpo, lo que da impulso y dirección a la acción humana.
Pero desde el comienzo hemos planteado el tema de la intencionalidad no sólo en relación con la evolución humana.

El paralelo es evidente: la tendencia, el “movimiento hacia”, el “impulso hacia”, pueden observarse claramente a lo largo de todo el proceso evolutivo de nuestro Universo. En su obra, Silo va más allá de los límites del individuo, de lo humano, y se refiere a “una Intención evolutiva que da lugar al nacimiento del tiempo y a la dirección de este Universo. Energía, materia y vida evolucionan hacia formas cada vez más complejas”.

Y explica así su concepción: “Cuando la materia se comienza a mover, nutrir y reproducir, surge la vida. Y la materia viviente genera un campo de energía al que tradicionalmente se ha llamado “alma”. El alma, o doble energético, actúa en el interior y alrededor de los centros vitales de los seres animados. Los seres vivos se reproducen y en ese acto pasa, a través de las células en fusión, el campo energético que configura un nuevo ser totalmente independiente”. “La evolución constante de nuestro mundo ha producido al ser humano, también en tránsito y cambio, en el que se incorpora (a diferencia de otras especies) la experiencia social capaz de modificarlo aceleradamente. El ser humano llega a estar en condiciones de salir de los dictámenes rigurosos de la Naturaleza, inventándose, haciéndose a sí mismo física y mentalmente”.

En toda la evolución humana puede observarse una permanente tendencia a la ampliación del grado de libertad. El profesor A.Nazaretián denomina a este proceso “tendencia histórica continua de alejamiento de lo natural”.

Observando el proceso humano vemos cómo, desde una total dependencia de los antepasados a las condiciones naturales del medio ambiente, el hombre, en su camino de ascenso espiralado, fue logrando progresivamente el dominio del fuego, la energía, los procesos físico-químicos y los procesos biológicos. Así hasta hoy, cuando no sólo ha aprendido a producir y controlar reacciones nucleares (del tipo de las que se producen en el núcleo de las estrellas), a controlar el clima, los procesos de producción y reproducción artificial de la vida; sino que se prepara para la manipulación de los códigos genéticos, la transformación de su cuerpo y de su estructura psíquica, la independización de los procesos síquicos respecto de la prótesis física natural... Un salto formidable hacia la indeterminación y la libertad.

Aquí es oportuna la segunda cuestión: ¿qué hacer en esta situación? ¿Cuál es la elección a la que se enfrenta el ser humano en el actual punto de bifurcación histórico?
El enorme potencial tecnológico con que la humanidad cuenta hoy convierte en posible la eliminación total de la vida en el planeta. La posibilidad de un escenario de catástrofe es más real que nunca.
En estas condiciones, a nuestro parecer, la tarea de resistir la violencia en todas sus formas se convierte en un imperativo de la época; resistir no solo la violencia física, religiosa o racial, sino también la violencia económica, sexual, psicológica y moral.
En las condiciones actuales, la elección intencional de cada ser humano se convierte en decisiva para el destino de la especie: ¿aplicar la violencia o resistir a la violencia? Y no sólo la violencia que nos llega desde el medio, sino también la violencia que surge de nuestro interior.

En poco tiempo más, los recursos verdaderamente valiosos del planeta no serán ya los recursos naturales, energéticos, tecnológicos; ni siquiera lo serán recursos intangibles como la información o el conocimiento. En un futuro muy cercano, lo más valioso, como garantía de supervivencia y avance de la civilización humana hacia un nuevo estadio evolutivo, será la bondad.

En este sentido, más que oportuna es la sugerencia de Silo, en su intervención del 7 de mayo de 2005 en La Reja, provincia de Buenos Aires, cuando propone: “En algún momento del día o de la noche, aspira una bocanada de aire e imagina que llevas ese aire a tu corazón. Entonces, pide con fuerza por ti y por tus seres más queridos. Pide con fuerza para alejarte de todo aquello que te trae contradicción; pide porque tu vida tenga unidad”.


Linea del tiempo primera parte



Linea del tiempo segunda parte



Linea del tiempo tercera parte



Linea del tiempo cuarta parte



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10 de diciembre de 2009

El abismo

Pintura Rafael Edwards


El abismo

Como en mis sueños de niño,
me paro al borde del abismo
y cierro los ojos
para sentir la vastedad de su nada peligrosa y atrayente.

¡Ay, pero debo abrir mis ojos!

Miro la profundidad inmensa y me sobrecojo,
Mi mirada retrocede intimidada
y se posa sobre mis pies descalzos,
humildes porciones de carne, hueso y sangre palpitante

¿Qué podrán ellos contra tí, abismo?

Me ruborizo y late mi cuerpo,
Mis ojos se inundan en lágrimas de rebeldía.

…Y de pronto afloras de lo más profundo de mí.

¡Ay niña!
¡Qué ganas de verte derrotando a la muerte,
dios tirano y truquero!

¿Qué harás para que tus ojos
penetren montañas y selvas enmarañadas,
sabios al fin?

Te hablaré dulcemente,
con aspereza,
con compasión,
sin descansar,
hasta que sepas que todos somos dioses,
sagrados.

Entonces haremos una ronda de cientos,
de miles,
y con las manos enlazadas
celebraremos la muerte de la muerte.

Y vendrán aguas de mil colores
A quitar de nosotros todo vestigio de sufrimiento,
de mezquindad,
de pequeñez.

Niña, un día volaremos sobre el abismo,
livianos,
luminosos,
reconciliados y despiertos.

Imperecederos.


(...a Ella)

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