22 de enero de 2010

Primera exposición de Religión Interior - Valdivia 1972

Una búsqueda de sentido

Bueno. Podríamos conversar ahora sobre un tema que nos interesa. Normalmente, los días viernes, cuando compartimos el trabajo con la Religión Interior, fuera de trabajar con las distintas herramientas que la conforman, fuera de llevar a cabo ciertas experiencias, conversamos algo relacionado con el desarrollo personal, con la consolidación de una unidad y un dios interno.

Podríamos conversar hoy sobre la “búsqueda de sentido”. Nosotros practicamos, en el espíritu de la Religión Interior, ciertas técnicas. Vamos así obteniendo, esclareciendo y edificando un cierto tipo de experiencia, ya no esa experiencia trivial que día a día nos sucede, sino que nos permite ir superando nuestros conflictos, entenderlos en su raíz, ir comprendiendo nuestra vida e ir haciéndola más profunda. Esta transformación permanente de la Religión Interior, no es suficiente verla solo a nivel instrumental, se trata de la transformación continua, de una evolución que se evidencia en la resonancia interna de la experiencia primordial de nuestro trabajo interno, es decir, nuestra religión interior. Y tal resonancia surge al ir creciendo un centro de gravedad que nos libera, que nos une y significa paz, fuerza interna.

¿Qué relación puede tener el sentido con todo eso?

Precisemos de qué sentido estamos hablando. No se refiere esto a los sentidos a través de los cuales percibimos el mundo que nos rodea, ni tampoco al sentido que toma algo que se mueve, hablamos del propósito por decirlo de ese modo, que tiene todo lo existente, del propósito y posiblemente de un plan dentro del cual vibra y evoluciona todo lo que existe y por tanto nosotros.

Porque, claro, vemos que dentro de cada uno es posible ir descubriendo, reconociendo y alimentando un profundo sentimiento de ligazón con lo divino, y que tal sentimiento trascendente nos moviliza hacia la búsqueda de una nueva forma de vida que implica la presencia de lo divino, de un centro de gravedad, una continua alerta y vigilancia sobre nuestra conciencia y el mundo que nos rodea.

Esta movilización requiere la ampliación de nuestra conciencia, un tomar conciencia día a día de la presencia de lo divino, de nuestro acercamiento a lo trascendental.

Pues bien, entonces este mecanismo de búsqueda también nos mueve hacia el sentido.
El sentido de todo lo existente está vinculado a justificación efectiva y conciente de nuestra propia existencia... Sin embargo, surge allí una pregunta, ¿qué relación puede tener el sentido de todo lo existente con la humilde justificación de nuestra vida, como pequeños seres humanos dentro de todo un inmenso universo, en armónica y continua evolución?

Darle un idéntico contenido al sentido, por un lado toda la magnitud infinita de soles, galaxias, planetas, energías, luz, materia, vida, formas, dimensiones, átomos, mecanismos cósmicos, etc., etc. y a la vida modesta y limitada de un ser humano, parece decir que un grano de arena es tan importante como una montaña. Depende. Efectivamente es importante esto para el gramo de arena, para la montaña tal vez se trate de otra cosa, pero no somos montaña, al menos por el momento. En fin, no se trata de importancias ni prioridades. Si yo voy nutriendo aquí y ahora una necesidad de tener una experiencia del sentido, no voy a venir con esquemas dualistas u oscurantistas, ni verticalidades ni abismos insondables. Voy a trabajar con cuidado, atención y esmero en construir la experiencia que necesito, aquello que me interesa. Es decir, yo justifico mi búsqueda del sentido con esa misma búsqueda. A ver si se aclara.

Se dice por allí que existiría algo así como un “microcosmos”, un cosmos chiquito relativo al hombre, y un “macrocosmos”, un cosmos grande que contendría todo lo relativo a lo existente, toda esa finitud de elementos dentro de una estructura simple y compleja a la vez. Pero si observamos ambas cosas, vamos a notar que estructuralmente, en la forma en que “son”, son similares, tienen similares mecanismos, similares composiciones, similares procesos, siendo lo terreno y lo humano idéntico a lo eterno y divino, siendo ambas cosas partes de una misma realidad, partes de un mismo proceso evolutivo, partes de una misma existencia divina.

Entonces, cuidado con hacer separaciones que hacen los curitas que mientras mandan a los coños a civilizar las indias occidentales, piden perdón por sus actos tan poco esclarecidos.
En este ahora y este aquí, ya no vale tal separación. Hoy el hombre crea a Dios dentro de sí al construir un espíritu que es posible que trascienda a otras formas de vida y al reconocer la presencia del proceso divino en todo lo existente.

¿Cómo se produce tal reconocimiento, tal toma de conciencia? Eso es experiencia de cada uno, según su necesidad, según como está y qué tiene peso en su interior. Pero en esta posibilidad evolutiva y trascendental que nos abre la Religión Interior, cada uno puede saltar hacia tal comprensión, hacia tal sentido.

Entonces, que la búsqueda del sentido es inherente al ser humano y que hoy, en este momento, las técnicas y la experiencia de la Religión Interior le permiten realizar con eficacia tal búsqueda y tal trabajo interno.
Simpático, ¿no?

-Tú mencionabas algo referente a la posibilidad de un plan o al menos de la presencia de una inteligencia creativa que se manifiesta en el universo, en la naturaleza, en el hombre. Cuesta mantenerse conciente de tal armonía, de tal proceso evolutivo lleno de belleza y ritmo, cuesta entender de pronto que los que nos rodea, desde los mecanismos de nuestra propia conciencia hasta como se segrega, circula y recrea la vida en nuestro cuerpo.

Pero eso está allí presente, tras esa ventana, aquí mismo. Por ejemplo, tenemos un jardín y una abeja poliniza las flores masculinas llevando ese polen hasta las flores femeninas y factores como el viento van haciendo penetrar azar y unas selecciones que pocas veces, en breves chispazos, atisbamos... Y así el ciclo prosigue. Por ejemplo, tenemos un silo. En este silo se guardan diversas capas de tierra, tierra fértil y que contiene lo necesario para que en ella, si las condiciones se dan, posibilitariamente, surjan nuevas formas de vida.

Perfecto. En ese silo que es como una placenta que procesa miles de organismos se dan condiciones iguales para todo lo que allí vive y luego al ser distribuido el contenido en distintos lugares y tiempos, evolucionará de acuerdo a lo que puede expresar creativamente ese contenido. Y parece que en todo esto hay un sentido, hay un significado y un propósito que muchas veces escapa a nuestra visión, nuestra violencia y nuestro sin-sentido cotidiano, pero que de pronto sentirme a vibrar dentro y vamos fortaleciendo y comprendiéndolo concientemente. Y eso nos transforma...

Cuando llega la época de celo los ciervos pelean entre sí. No podemos saber si hay violencia o no, pero dejemos de lado estas especulaciones que no vienen al caso. Pelean y así el que está en mejores condiciones puede continuar las posibilidades de vida de su especie. Pelean uno que es fuerte y sano con otro que es cojo o carece de un ojo. Por un azar el que está impedido desmorona al otro por un barranco, así las generaciones siguientes no tendrán las mismas posibilidades y habrá deficiencias y todo esto repercute en distintos saltos cualitativos que a veces se fijan o avanzan o retroceden y esto se da simultáneamente y no podemos ignorarlo. En todo eso hay un propósito. Ese “para qué” que a veces evidencia un real crecimiento nos acercan y movilizan hacia el sentido. Tal vez el otro ciervo hubiese continuado el ciclo, entonces la especie crecería en las siguientes generaciones múltiples posibilidades.

En una piedra que en determinado medio se aglutina con otras, formando toda una montaña o es molida por el mar hasta convertirse en arena, en la rama de un árbol, en un castor y su vivienda, en cualquier ser humano hay todo un sentido. Si estamos dotados de una conciencia y perspectivas suficientes para evolucionar, vale la pena realizar el intento, vale la pena comprender, vale la pena sentirse libre y sin contradicciones, vale la pena estar en resonancia viva con todo el universo. Entonces la búsqueda del sentido no está reservada para momentos “especiales”, sino que está dentro de la vida cotidiana como una tarea permanente, una tarea llena de múltiples tareas diminutas a las que puedes ir dando un nuevo significado porque va cambiando y ampliándose tu óptica ante las cosas.

La experiencia de la Religión Interior no está solo contenida en los días viernes donde nos reunimos para compartir similares experiencias. La Religión Interior al ser una religión del hombre, lo re-liga con todo instante según el sujeto la aplique y experimente o la guarde para los viernes.

Entonces, al ser permanente la actitud de trabajo con la Religión Interior, al ser de modelar el espíritu, de esculpir alegría no solo en la cara sino también por dentro, al ir fortaleciendo la actitud bondadosa y conciente para con nosotros mismos y para con los demás, hay crecimiento, hay una toma de contacto con un sentido en la existencia. Y así el sentido de todo lo existente se nos va revelando por el propio esfuerzo, por la propia dedicación y pulcritud.

Pero claro, hace setecientos años, al plantear esto mismo, o no se podía o no era posible. El hombre en ese entonces era un bicho que debía vivir en constante arrepentimiento y sufrimiento y no le daba el cuero para tal comprensión o simplemente por plantear o plantearse tal cosa... directo a la hoguera.

Veamos este asunto de la revelación del sentido, no en la frecuencia de las religiones externas sino dentro de nuestra actividad.

Tal revelación ya no surge porque bajan no se qué arcángeles con sus alas súper desarrolladas, sino que puede ir surgiendo al tomar el desayuno o al escuchar una clase de matemáticas, o al bajar de un micro, en todo el seno de la vida cotidiana. Pero no por andar detrás de tal revelación vamos a trapicarnos con el desayuno o a fugarnos de la clase o a caernos dentro del micro. Son solo ejemplos y si se insiste, todo depende de la experiencia, esa es la que contiene nuestro avance. Los ejemplos son solo representaciones muy limitadas. Como opere esta apertura hacia lo trascendental en uno es otra cosa, es cosa de cada uno.

Se trata de ir experimentado y construyendo el sentido en el silencio de nuestra búsqueda alegre, humilde y cuidadosa. Porque uno no debe depender de los demás, ni necesitarlos desesperadamente. Se trata de que uno se necesite a sí mismo.


Religión Interior. Un umbral abierto para toda la humanidad.



SILO

Roberto Rojas.

2 comentarios:

Luz dijo...

que bonito Esther!
Luz.

Esther Bass dijo...

realmente...
un abrazo!