19 de agosto de 2009

EL PROCESO HUMANO - SILO



La conciencia humana es muy joven. ¿Qué son dos o tres millones de años en la historia de la vida en este planeta? Imagínense aquellos momentos, una especie bastante mal equipada para defenderse de las agresiones de su entorno, un cromagnon vagabundo, en quien un día se manifiesta por primera vez un fenómeno no propio del mundo natural... Un fenómeno no propio de su naturaleza. Un chispazo de reversibilidad que lo impacta y que no comprendió.

Tuvo que pasar bastante tiempo para que este fenómeno pudiera manifestarse nuevamente, tal vez 200 o 300 años más tarde, en algún descendiente.

Luego ese fenómeno se hizo más frecuente y empezaron a producirse en su cerebro primitivo una aceleración de estímulos y nuevas conexiones. Captó en el fondo de esa conciencia en penumbras algo que no comprendió, captó una intención lejana y la proyectó fuera de sí, sobre ese mundo natural que lo rodeaba y que no comprendía.

Así dotó de intención al rayo, al río, a la lluvia...

Comenzó a agruparse con otros para defenderse mejor y poder satisfacer sus necesidades básicas. Tal vez un día, en una zona cálida, vió caer una rama y cómo al chocar con otra se producía un extraño fenómeno: el fuego. Primero aprendió a conservarlo y luego a producirlo.

Pudo, en un mundo que se le presentaba diverso y polifacético, empezar a realizar las primeras abstracciones, comenzando así a sustraerse de la dictadura de lo natural. Comenzó a desarrollar esa capacidad de abstracción que sería la base de todo su desarrollo.

Testimonio de esto lo tenemos en las pinturas rupestres que han sido encontradas en las cuevas, donde intentó plasmar ese extraño fenómeno no manifestado en ningún otro ser viviente.

Abstracciones manifestadas en los primeros símbolos. Si un ser extraterrestre hubiera pasado por allí en ese momento habría comprendido que el proceso se había disparado.

Luego vino el lenguaje oral, que lo alejó de los primitivos gritos guturales de otras especies.

Después pudo externalizar también otra forma de comunicación, y comenzó la escritura que trascendía el tiempo vital individual.

A partir de allí esa conciencia primitiva fue creciendo y emergiendo de las tinieblas impuestas por el mundo natural, en un proceso que al principio fue lento y que cada vez se aceleró más y más. Su conciencia iba poniendo orden en ese mundo natural, creyendo descubrir las leyes que regían ese extraño universo al que se sentía arrojado.

Un chispazo de comprensión, otro y otro. Fue creciendo y abarcando todo con su conciencia, y cuando sus sentidos le quedaron estrechos, inventó instrumentos para multiplicar los alcances de esa limitada prótesis natural que era su cuerpo.

Y así como en un salto hasta llegar a Hegel, cúspide de un momento histórico, máximo exponente de ese pensamiento, de esa abstracción que lo llevó a creeer que lo natural tenía leyes, tenía sentido, tenía finalidad y que él se acercaba a su comprensión. Lo que no comprendió es que era su intención proyectada afuera lo que daba coherencia a ese mundo caótico.

Hoy ese mundo hegeliano también murió y empiezan a operar las tendencias reales de la historia y no la idea de la historia. Está crujiendo el edificio del pensar humano, de un modo de pensar de un mundo que se fue. Estamos frente al comienzo de la historia humana.

Muchas veces se ha pasado por encrucijadas históricas similares, que afectaron a un pueblo o a una civilización. Hoy, por el avance de las comunicaciones y la mundialización creciente, es toda la especie simultáneamente la que se encuentra en este punto.

De un modo no muy claro, siempre se ha estado luchando por superar lo natural, los condicionamientos, el dolor y el sufrimiento. Hoy ya está dirigiendo la mirada hacia ese instrumento limitado que es el propio cuerpo, con la intención de romper la última atadura que impone lo natural.

Hay una clara intención de despliegue de la conciencia a partir de ese homínida casi ridículo, en un proceso que habla a través de cada una de esas células que son los individuos. La conciencia no es de él, es parte de un proceso humano. A pesar de él va a seguir trabajando, por más que él mismo se ponga una censurita. Ni la autocensura puede con la conciencia.

Con avances, retrocesos, líos, la conciencia humana avanza. No es azar, es un proceso bien acotado, con una intencionalidad clara, con una dirección, con una fuerza que nada podrá detener.

No es el fin de la historia, es el fin de la prehistoria y el comienzo de la historia humana.


imaginatuvuelo.blogspot.com

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