8 de septiembre de 2010

Sobre el amor, la compasión...el alma y el espíritu

Charla con Silo

P.: Podrías decir algo sobre el amor y la compasión?

En el Mensaje se habla mucho del amor y la compasión. Como sería la actitud para llegar a ese estado de amor y compasión y para poderlo transferir a los otros?

R.: Me parece que mucha gente siente la compasión. Esa compasión que sientes siempre parte por una suerte de empatía con el otro, ponerse en el lugar del otro. Si no me pongo en el lugar del otro no puedo sentir al otro. No puedo tener ninguna compasion si no siento al otro. Es verbal pero no es profundo, porque la compasión es interna, tengo que sentir al otro por dentro.

Yo puedo ser compasivo si experimento lo que experimenta el otro, como explica el Budha, cuando transmite compasión por determinados animales. No estamos hablando de personas, estamos hablando de algo más lejano. Al ver sus descripciones, cómo va sintiendo estos animales de adentro es una cosa espectacular, es fantástico cómo logra esa empatía con cosas tan lejanas para uno como un perro, un gato, un tigre. Bueno, nosotros no pretendemos tanto como esas descripciones pero sí pretendemos acercarnos al otro.

Si nos sentimos como él, sentimos una cosa cálida con él, una cercanía con él que nos induce a solucionar los problemas de él. La compasión lleva necesariamente a buscar las salidas de los problemas del otro exactamente como si fueran problemas míos, por lo tanto si no lo siento al otro difícilmente puedo ejercitar mi compasión. Sin duda que puedo ejercitar buenos deseos pero no logro sentir desde adentro.

Hablemos ahora del amor. Cómo puedo sentir el amor si es algo que tiene que ponerse en marcha desde adentro. Desde donde se siente el amor? desde el corazón dicen algunos. Está bien, los egipcios lo sentían en el hígado (risas), eran los lugares donde se alojaba el alma. Bueno según las culturas, se aloja el alma en distintas vísceras (risas) por ejemplo hay algunas culturas donde el alma se aloja en el bolsillo (risas). Es una víscera muy especial.

Bueno, bromas aparte, efectivamente hay un registro interno. Diciendo algo herético debemos conceder que el amor se experimenta un poco alucinatoriamente. ¡Querida mía, tus labios de rosa, tus dientes de marfil...! Bueno, las descripciones que hacen los enamorados son ¡¡descripciones de monstruos!!(Risas)

¿Cómo tus dientes de marfil y tus labios de rosa? (risas) Bueno, pero todos sabemos lo que se está tratando de transmitir cuando se dicen estas cosas. Son cosas que van hacia la expresión poética y que a través de las palabras transmiten registros. Eso es lo que siento, amor, siento que eres una rosa, una flor. Por supuesto si alguien es muy riguroso dirá: ¿una flor? y ¿dónde están las raíces? (risas) Pero la transmisión de registros puede ser perfecta. Con estas palabras que son metáforas, la gente lo sabe muy bien lo que tiene que decir, pero lo adecuado es que coincida con lo que experimenta.

Por eso digo que tiene elementos alucinatorios, porque quitas la representación, lo inmediato, lo visual, lo auditivo y lo reemplazas por representaciones que hacen alusión. Estamos hablando lógicamente del amor entre personas, pero el amor por todas las personas, a medida que se amplía se pierde concentración.

Sentir amor por una persona, a veces, vaya y pase, a lo mejor una vez en la vida o dos, o diez, pero no todo el día, a todas las horas y en todos los momentos. Sentir amor por diez personas al mismo tiempo es un poco más complicado, pero es posible. Sentir amor por la humanidad..., bueno tal vez experimente un sentimiento muy abarcativo, muy amplio, muy interesante pero no sé si se puede hablar de amar, de sentir a la humanidad. Cuando se siente amor se siente al otro.

Cuando uno siente amor por la humanidad en realidad tiene un registro amplio pero sobre todo inspirador. Ese sentimiento lo lleva a uno a distintas cosas que no son estrictamente el amor. Así que, uno experimenta el amor por lo cercano pero difícilmente lo experimenta por lo lejano que es la humanidad. Más que nada uno lo experimenta por la propia tribu, por la familia, padre, madre, a lo mejor por la gente de la localidad donde uno vive porque hay experiencias comunes, pero gentes de otros países, de otros lugares me es más difícil sentirlas y ojalá los que lo dicen lo sientan porque si no lo sienten... y hablan de esas cosas... pecado! (risas)

Entonces ese amor por la humanidad que sería tan importante en este momento, ese amor por la humanidad no me parece que esté tan difundido y que se pueda experimentar realmente, pero sí me pareceque se puede hacer un esfuerzo en esa dirección. Sentir en esta dirección me parece que es un gran avance.

Tratar de lograr esa comunicación con lo que llamamos la humanidad me parece un gran avance, pero dar por sentado que sentimos amor por la humanidad me parece que deberíamos revisarlo. Porque estas cosas que son tan importantes y que al final terminan en una imagen del mundo hay que tratarlas con cierta delicadeza, no con slogans: Yo amo la humanidad! Bueno felíz de ti que logras eso, pero bueno, dónde lo sientes? En el pie, en el corazón? Que te da una respiración profunda? Modificas la realidad, la alucinas de algún modo? Sientes una poesía cuando hablas de la humanidad?

Bueno, habría que hacer un trabajito con el otro, sentir al otro y a los otros. Ese salto del otro a los otros no está en nuestra cultura, está una frase, está un slogan, no está como registro. Yo puedo experimentar el amor por el otro. ¿Pero cómo hago para experimentar el amor por los otros? Yo no daría por sentado y por cerrado este negocio: está claro, sentimos amor por la humanidad (risas). Así no avanzamos.

Yo tengo en claro que siento amor por otro y yo deseo profundamente sentir amor por los otros, yo trabajo internamente para expandir mi amor y para saber cómo hacer y cómo va mi trabajo tengo experiencias, tengo registros distintos, veo cómo avanzo y yo aspiro algun día a registrar ese amor por la humanidad, pero yo no lo registro y no miento ni me miento y aspiro a ese amor por la humanidad y si yo estoy en esa dirección, entonces tendré que reconocer que estoy amando a la humanidad que está en el pasado y que está también en el futuro.

Es una humanidad que no veo, es una humanidad que vendrá, que vendrá. Podré hacer eso si empiezo a expandir mis sentimientos hacia los otros que están porque los veo que están presentes. Imagínate llegar a la historia de la humanidad, no hablo de datos históricos, hablo de la humanidad hoy presente que es la continuación de una humanidad que ha trabajado desde hace miles de años, cientos de miles de años. ¿Cómo puedo experimentar amor por esa humanidad? Es un proceso, siento amor por el proceso humano, algo que va cambiando, y se va transformando, no como una piedra, como algo estático, algo que tiene futuro, algo que me hace apartar todas las piedras del camino. (Los ojos del N. se ponen brillantes y su emoción llega como una onda a toda la sala)

P.: y sobre la bondad?

R.:Y sobre la bondad, ¿qué podría decirte de la bondad? Que se experimenta como una reconciliación con uno mismo aunque se refiere a los otros. Así como se experimenta el odio, lo opuesto a la reconciliacion, a la bondad. El odio te lleva a una tensión tal que exige una catarsis, una tensión inaguantable, en donde no soportas al otro, donde quieres hacer desaparecer al otro.

En la bondad se amplía el otro y en él te reconoces y eso te reconcilia. Y ese es un registro unitivo. El otro caso es un registro de disolución, de desintegración. Y cuando eso pasa, lo recuerdas como algo desintegrador, como algo malo que te pasó. Y cuando sucede lo otro, cuando recuerdas un acto de bondad que has producido, lo traes a la memoria y te sirve hoy. Eso es lo que tú necesitas recordar, lo bueno que has hecho, y eso es lo que te invita a hacer esas buenas cosas en el futuro.

Si hubiera alma, esa alma trabajaria con fuerzas, con fuerzas que van produciendo una cierta unidad o fuerzas que se contraponen que se oponen entre si. Para que habría de continuar esa alma, para sentir siempre ese sufrimiento, esa oposición? Mejor que desaparezca! (risas). Si esa alma existiera quisiéramos que esa alma fuera unitiva, que tuviera un centro hacia lo cual todo converge y todo se armoniza en ese centro. Quisiéramos que eso sí fuera creciendo. Aspiraríamos a una alma en crecimiento y no a una alma estática fija como una fotografía, viviendo en una determinada habitación, dentro de un salón. Sería un alma que se amplía.

En el medioevo hablaron del alma del mundo. Un alma más allá de lo individual de lo personal, pero que permitía que las cosas funcionaran. En los animales y en la personas, en esa época se creía que existía un alma en las personas y en los animales. Era lo que anima-ba a los anima-les. Era ese principio que le daba movimiento. Y de esa alma entendieron que en algún momento se producía un nuevo principio que ya no era simplemente el alma. Se parecía más a un soplo, a un espíritu, algo que se sentía adentro en el corazón en los pulmones, era algo como respiratorio un pneuma como los neumáticos (risas) que tienen aire adentro.

Así se sentía en esa época el espíritu, como un principio distinto al alma y ese espíritu no estaba existiendo siempre, se creaba, se iba generando por lo que hacías, porque tú estabas en este mundo con tu cuerpo y hacías cosas con tu cuerpo, no solo subsistías, no solo comías cosas, cumplías con tus necesidades sino que tenías aspiraciones, tenías tendencias al futuro a ver qué tipo de cosas ibas a lograr y lo hacías con personas en un mundo de personas.

Te relacionabas con las personas en un modo unitivo o de un modo contradictorio. Y cuando te relacionabas con las personas contradictoriamente también creabas contradicción en ti mismo, entonces no podías volar hacia el espíritu, no podías construirlo, te faltaba unidad. Y para obtener esta unidad necesitabas de actos de bondad. Esto creían los antiguos.



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